¿Les olvidarán?

RIOS. Entonces... ¿nos olvidarán?
SOLANO. ¿Nos olvidarán?
RIOS. Puede que ya estén olvidándonos.
Ñaque - José Sanchis Sinisterra
Sus miradas me matan. Han pasado los años, más de cuarenta, y sus ojos se han transformado. Lejos quedan los dos veinteañeros que salieron de la RESAD con miedo a lo que se podrían encontrar. Han recorrido largos caminos, como buenos cómicos de la legua que son, y han acercado el teatro a lugares donde el único visitante era el hambre. Ellos son José Palacios y Antonio Orozco, Taormina Teatro desde 1973.

Cada uno en un lado del escenario, ocultos en las cajas, vocifera el nombre del otro. Están perdidos, necesitan encontrarse. Una pareja de actores que no puede vivir el uno sin el otro, que viajan sin destino fijo buscando un teatro donde contar sus historias. Porque el público siempre está y las tablas también, con suerte, pero los que las pisan no son eternos. Explican quiénes son, por qué están donde están y cuál es el trabajo de sus compañeros. ¿Qué pasa si observan a los espectadores? Dos minutos en silencio y la sala no deja de reír, aunque ellos no hacen nada.

Van pasando las escenas y las emociones, detrás de esta obra hay mucho más que las palabras de Sanchis Sinisterra. Son dos hombres que han compartido una vida, que cuando se dan la réplica conocen lo que sucede, no hay un centímetro de escena que no haya sido pisado por ambos. Y se nota. Las anécdotas de Ríos y Solano no tienen nada que envidiar a las de Palacios y Orozco. Cuatro cómicos separados por siglos que comparten más de lo que un día pensaron que serían sus vidas.

A lo largo de la noche se hacen diferentes entremeses, la especialidad de Taormina. Las mujeres de Antonio son memorables, un auténtico lujo al estilo clásico. El tonto de José, un personaje al que nunca he visto sacar tanto partido. Dos actores que sienten lo que hacen, que llenan cualquier rincón. El tiempo ha pasado y ya no tienen la resistencia de su juventud, es cierto que es una obra muy rápida y el diálogo ahoga al más experto, pero ellos salen adelante y se crecen. No importa si en el patio de butacas hay dos personas o 200, la pareja sabe que el respeto y la lucha por defender el texto debe ser la misma.

Solano olvida su papel, no recuerda su pasado. Empieza a agobiarse, no sabe lo que le está pasando. ¿Es culpa suya o quizá nadie escucha lo que cuenta? Ríos le ayuda, quiere que salga adelante y no dé nada por perdido. Han sufrido demasiado, en soledad y con piojos como única compañía. Ahora no es momento de abandonar, tiene que recordar. Solano lo consigue cuando Ríos comienza a dudar. Lo ha hecho por el público, pero ¿qué pasa si ellos ya les están olvidando?

Hicieron radionovelas, televisión, se han dejado el alma y la piel en los escenarios paseando del María Guerrero al Alfil, pero su auténtica pasión estaba lejos de lo que muchos buscan, la fama. El ambiente elitista que puede llegar a coger esta profesión les hizo alejarse de todo esto, aunque el teatro es algo que se adhiere a tu piel y no puedes abandonar. Decidieron montar su pequeña compañía, Taormina, y durante 40 años han estado defendiendo el arte en escena.

Cuatro décadas donde han predominado las comedias y las obras infantiles. Orozco reconoce que los primeros años fueron demasiado dramáticos, un esfuerzo que pasa factura. Media vida empeñados en hacer reír con inteligencia, enseñando a los que comienzan con sus clases en institutos y demostrando lo que es el amor por el teatro. Es triste pensar que tanto talento pueda desaparecer por haberse dedicado a llevar la cultura donde no llegaban los caminos; ese es el precio por alejarse de los flashes, el homenaje que les hacen los que cortan los hilos.

Al terminar la obra, siempre voy a verles detrás del telón. A recordar lo que hacíamos juntos, a reír con sus bromas. He compartido muchas tardes aprendiendo de ellos, tanto de teatro como de la vida. Pero esta vez ha sido distinta, las lágrimas están en sus ojos, su mirada duele, y las palabras no me salen, tengo un nudo en la garganta. Ñaque es una obra con mucha verdad y aquí nos hemos dado cuenta de que todo puede desaparecer de un día para otro. ¿Les olvidarán?

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